Bichopalo da un paso adelante con una propuesta que cruza fronteras, técnicas y sabores
Una propuesta que cruza Madrid y Asia con técnica, producto y una identidad cada vez más definida.
Hay restaurantes que alcanzan la madurez sin perder la inquietud de sus primeros días. Bichopalo pertenece a esa categoría. El proyecto gastronómico de Daniel Pozuelo inicia una nueva etapa en la que todo parece haber encontrado un equilibrio más preciso: una identidad más reconocible, una propuesta culinaria más ambiciosa y una experiencia diseñada para que el comensal viaje sin necesidad de abandonar Madrid.
Tras más de cinco años de trayectoria, el restaurante afianza un discurso propio donde Asia deja de ser una inspiración puntual para convertirse en un lenguaje gastronómico plenamente integrado con el producto mediterráneo.
Un nuevo formato para seguir sorprendiendo
La gran novedad llega en forma de dos menús degustación que sustituyen al anterior recorrido único. Una decisión que permite adaptar la experiencia a diferentes momentos y apetitos sin renunciar al relato culinario que caracteriza la casa.
Por un lado, un menú corto de seis pases (50 euros), ideal para quienes buscan una aproximación más ligera al universo Bichopalo. Por otro, un menú largo de once pases (85 euros), concebido para sumergirse por completo en la visión gastronómica de Daniel Pozuelo. Ambos pueden complementarse con
Decoración minimalista y acogedora, con cocina vista, barra protagonista y un ambiente íntimo y desenfadado.
sugerencias estacionales y productos de proximidad seleccionados según el mercado y la temporada.
Dos propuestas distintas que comparten una misma filosofía: técnica oriental, producto mediterráneo y una creatividad que cruza fronteras sin perder nunca el sabor como eje principal.
Madrid, Asia y la memoria del sabor
La cocina de Bichopalo no busca impresionar mediante artificios. Su virtud reside precisamente en lograr que ingredientes reconocibles adquieran una nueva dimensión gracias a técnicas, matices y combinaciones inesperadas.
La experiencia comienza con pequeños gestos de ingenio como la llamativa pastilla helada de gazpacho con umeboshi de albaricoque asiático, una elaboración que resume perfectamente el espíritu de la casa: tradición reinterpretada desde una mirada contemporánea.
Le siguen bocados de gran precisión como la ostra con ponzu de jerez, el delicado aemono de vieira o un espectacular maki frito de tartar de bogavante que concentra intensidad y textura en cada bocado.
Entre los platos que dejan huella aparecen el huevo Dong Po, los espárragos verdes con sardina ahumada, la profunda caldereta de chu-toro o uno de esos pases que se recuerdan tiempo después: un pan chino frito relleno de sardina ahumada y mayonesa japonesa, donde la sencillez aparente esconde una ejecución impecable.
La parte principal mantiene el nivel con una refinada merluza kombujime acompañada de curry verde japonés y un pato agridulce y picante perfectamente equilibrado, donde potencia y elegancia conviven en armonía.
El final del recorrido confirma una de las señas de identidad de Bichopalo: la capacidad de sorprender hasta el último momento. Postres como la calabaza trabajada desde una perspectiva poco convencional o la extraordinaria panna cotta con caviar ahumado y toffee salado demuestran que el equipo entiende el apartado dulce como una continuación natural del discurso gastronómico y no como un simple cierre protocolario.
Una cocina viva y en constante evolución
Quizá una de las mayores virtudes de Bichopalo sea precisamente su carácter cambiante. Daniel Pozuelo modifica elaboraciones y productos según la temporada, convirtiendo cada visita en una experiencia diferente.
Es uno de esos restaurantes a los que se vuelve con ilusión porque existe la certeza de que algo habrá cambiado. No por capricho, sino por una búsqueda constante de mejora y creatividad. El comensal regresa sabiendo que encontrará nuevas ideas, pero también con la tranquilidad de que el nivel seguirá siendo sobresaliente.
Cocina creativa de mercado, con platos de temporada, producto de calidad y elaboraciones innovadoras.
Maridajes sin caminos predecibles. La propuesta líquida acompaña esta filosofía con la misma personalidad. Aquí los maridajes huyen de lo convencional para explorar territorios menos transitados, incorporando desde sakes elaborados en España hasta sorprendentes versiones de vermú de sake y otras referencias seleccionadas con criterio y coherencia.
Más que acompañar los platos, las bebidas dialogan con ellos.
Un espacio renovado para una experiencia más íntima
La transformación también alcanza al restaurante, que estrena una imagen más elegante y depurada, con sutiles guiños asiáticos. La desaparición de la barra permite centrar aún más la atención en el comensal, aunque la cocina sigue presente a través del pase abierto visible desde la sala, donde muchos platos se terminan ante el cliente, reforzando la experiencia.
Esta nueva etapa llega avalada por la Guía Michelin, que mantiene a Bichopalo entre sus recomendaciones. Al frente está Daniel Pozuelo (Madrid, 1988), formado en cocinas de referencia como Paco Roncero, Arzak y DSTAgE. Su propuesta combina técnica, viajes, curiosidad y una constante búsqueda de aprendizaje, dando forma a una cocina personal y libre de etiquetas.
Bichopalo, un imprescindible de la nueva gastronomía madrileña. Aquí cada plato cuenta una historia. Una historia que comienza en Madrid, se detiene en Asia y termina exactamente donde el sabor decide llevarnos.
- Calle de Cristóbal Bordiú 39. Madrid
- 917 70 06 63
- https://www.bichopalo.es
- Menú degustación corto: 50€
- Menú degustación largo: 85€
Artículos Relacionados

La Huerta de Tudela; 15 años cultivando la excelencia en Madrid

Coctelería italiana, cocina mediterránea y nueva terraza: el nuevo plan de Dolce Positano

Entre pizzas, píxeles y nostalgia: el italiano más divertido de Madrid tiene nombre propio: Luigi’s
Artículos Relacionados

Bareto reivindica el placer de tapear y el valor de la barra en la gastronomía española

La Venganza de Malinche, el color, el sabor y la tradición mexicana que conquistan el corazón de Madrid

La Terrace de la Vega, un oasis en Alcobendas donde cada comida se convierte en una escapada
