Revista Gastronómica Digital

Bareto reivindica el placer de tapear y el valor de la barra en la gastronomia española

En el Día Mundial de la Tapa, Bareto celebra una tradición que va mucho más allá de la gastronomía: el placer de compartir, conversar y hacer vida alrededor de una barra.

La gilda, las bravas o el bocata de calamares son mucho más que iconos del recetario popular. Son la excusa perfecta para reunirse, improvisar un plan y disfrutar de una de las costumbres más arraigadas de la cultura española. Y aunque el Día Mundial de la Tapa se celebró el pasado 16 de junio, en Bareto cualquier día del año es bueno para rendir homenaje a este ritual tan nuestro.

Hay pocas tradiciones gastronómicas tan representativas de España como la de compartir una tapa alrededor de una barra. Un gesto cotidiano que ha sobrevivido a modas, tendencias y cambios de hábitos, manteniéndose como una de las formas más auténticas de socializar. Porque detrás de una sencilla gilda, unas patatas bravas o un bocata de calamares hay mucho más que comida: hay encuentros inesperados, conversaciones interminables, celebraciones espontáneas y una forma de entender la vida que convierte cualquier momento en una ocasión especial.

Precisamente esa filosofía es la que reivindica Bareto. Un homenaje contemporáneo al bar de toda la vida, ese al que siempre apetece volver, ya sea para desayunar antes de empezar la jornada, para tomar el aperitivo del fin de semana, compartir unas raciones entre amigos o disfrutar de un menú del día sin complicaciones. Da igual si se va solo o acompañado: la experiencia funciona igual de bien porque la esencia está en el ambiente y en la cercanía.

Decoración cálida y desenfadada, con aire de taberna moderna y ambiente acogedor.

Con motivo del Día Mundial de la Tapa, Bareto pone en valor esa cultura de barra que forma parte del ADN gastronómico español y que, lejos de desaparecer, atraviesa uno de sus mejores momentos. La barra sigue siendo el escenario donde ocurren las mejores historias: donde se brinda, se comenta la actualidad, se celebra un ascenso, una buena noticia o simplemente el placer de estar.

Nacido como un tributo a esos bares que han acompañado durante décadas la vida de los barrios, Bareto recupera la esencia de los establecimientos que han sido punto de encuentro de generaciones enteras. Espacios donde conviven vecinos, familias, trabajadores, turistas y amigos alrededor de una caña bien tirada y algo para compartir.

Su renovada carta mira directamente a esa tradición. Entre los imprescindibles destacan clásicos del tapeo como las gildas, los boquerones en vinagre, los matrimonios de anchoa y boquerón, la ensaladilla rusa con gamba cristal, las patatas bravas, los torreznos, las croquetas de jamón o los flamenquines. Tampoco falta una de las grandes protagonistas de cualquier barra española: la tortilla de patatas, disponible con o sin cebolla —porque hay debates que siguen tan vivos como siempre— y con opciones para añadir chorizo picante o virutas de jamón.

Mención especial merece el bocata de chipis, una reinterpretación muy personal del icónico bocata de calamares madrileño, convertido ya en una de las señas de identidad de la casa.

Cocina mediterránea con esencia castiza, basada en tapas y platos tradicionales para compartir.

Pero como ocurre en los buenos bares, la tradición no está reñida con la evolución. La carta incorpora novedades que amplían la oferta sin perder de vista sus raíces, como las pavías de bacalao con mayonesa de piparras, la milhoja crujiente de pisto manchego con huevo frito, las rabas de calamar a la romana, diferentes versiones de huevos rotos, el brioche de rabo de toro o el divertido perrito madrileño.

Porque la fortaleza de la gastronomía popular reside precisamente en su capacidad para adaptarse sin perder autenticidad. Y en Bareto lo tienen claro: las tendencias pasan, las cartas evolucionan y los conceptos cambian, pero pocas cosas siguen generando tanto consenso como una buena tapa, una caña bien servida y la compañía adecuada para disfrutarlas.

Donde la barra sigue siendo protagonista

Hoy, este homenaje al bar de siempre puede disfrutarse en distintos rincones de Madrid. Bareto cuenta con locales en la calle Alcalá, 55; calle Atocha, 120; Plaza de Olavide, 10; y Caleido (Paseo de la Castellana, 259E), además de espacios en IFEMA Madrid y en el Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, en las terminales T2 y T4. Direcciones que mantienen viva una costumbre tan sencilla como imprescindible: reunirse alrededor de una barra para compartir algo más que comida.

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