Mala Flama, encuentra la barbacoa que te falta en casa a 5 minutos del centro de Madrid
Aquí no vienes a que te sirvan la carne, vienes a elegirla, encender el fuego, ponerte el delantal y disfrutar sin mirar el reloj.
Ubicado en pleno Valdebebas, uno de los barrios con más movimiento de Madrid, acaba de aterrizar un concepto que, dicho sin rodeos, mola mucho: una barbacoa privada, con carnes de categoría, vinos escogidos, producto gourmet y todas las comodidades de un restaurante, pero con una diferencia fundamental: aquí mandas tú.
La puerta se cierra. Se descorcha el vino. Aparece el delantal. El fuego empieza a trabajar y, de repente, tienes delante esa sensación de estar en casa de alguien con un jardín estupendo, una parrilla en condiciones y cero vecinos protestando por el humo.
Solo que estás en Madrid. Y no tienes que comprar hielo, preparar la carne, limpiar la parrilla ni recoger la cocina después. ¿El plan? Francamente, difícil de mejorar.
El supermercado gourmet donde empieza la fiesta
Entrar en Mala Flama ya forma parte del juego.
Antes de llegar a la parrilla toca elegir. Y aquí empieza la diversión.
El espacio cuenta con tres cámaras de carnes donde puedes contemplar y escoger directamente el género que quieres llevar a tu sala. Cortes de vacuno de primera, diferentes maduraciones y piezas seleccionadas con mimo para que cada uno encuentre su pequeño objeto de deseo.
Y si eres de los que ante una buena carne pierde un poco el norte —bienvenido al club—, la cosa se complica, porque también hay una boutique gourmet repleta de quesos, embutidos y conservas artesanales, con referencias nacionales y francesas.
Es decir: vas llenando la cesta como si estuvieras haciendo la compra para una barbacoa en casa. Solo que aquí la nevera no es la tuya, la parrilla ya está encendida y alguien se ocupa de que todo funcione.
Después llega otro momento peligroso: la bodega. Más de 50 referencias de vinos nacionales esperan para acompañar el festín. Pequeños productores, proyectos independientes y etiquetas con personalidad, muchas de ellas con producciones muy limitadas.
Escoges el vino, lo llevas a tu sala y empieza la película.
Ponte el delantal, el fuego es tuyo
Aquí está la gracia de Mala Flama. Porque no vienes a sentarte y esperar a que alguien te diga: “Señor, su chuletón”. Aquí el chuletón es tuyo.
Lo has elegido tú. Lo pones tú en la parrilla y decides cómo quieres cocinarlo. Más o menos hecho. Con calma. Sin prisas. Sin que nadie te mire con cara de tragedia porque has pedido la carne al punto que te gusta.
Y si eres de los que prefieren disfrutar del vino mientras otro se ocupa del fuego, tampoco pasa nada. El equipo está ahí para echar una mano, asesorarte o directamente encargarse de la parrilla.
Y lo hacen con algo que cada vez se agradece más: cercanía sin agobio.Te aconsejan, explican, ayudan y desaparecen cuando toca. Porque aquí el lujo no está en que cinco camareros estén pendientes de ti cada treinta segundos. El lujo es precisamente el contrario: sentirte a tu aire. Como en casa. Pero con una carne espectacular.
Cinco salas, cinco pequeños territorios del fuego
Mala Flama cuenta con cinco salas privadas, con capacidad para diez personas cada una, equipadas con parrillas profesionales de gas y proyector individual.
Y esto cambia bastante la experiencia.
No estás compartiendo comedor con medio Madrid. No tienes a la mesa de al lado celebrando un cumpleaños infantil mientras tú intentas escuchar lo que dice tu pareja. Aquí cierras la puerta y tu grupo tiene su propio espacio.
¿Una comida con amigos? Perfecto.
¿Una celebración familiar? También.
¿Una cena en pareja con ganas de montar un pequeño festival alrededor de un chuletón? Adelante.
¿Partido, vino, carne y amigos? Evidentemente.
Además, las salas pueden conectarse para crear espacios de mayor capacidad, manteniendo esa sensación de privacidad que es uno de los grandes atractivos del concepto. Y hay algo que me parece especialmente interesante: la sobremesa no tiene reloj. Puedes cocinar, comer, volver a servirte vino, charlar, levantarte, volver a la parrilla y seguir. Sin la sensación de que en diez minutos van a necesitar tu mesa.
Carne con pasaporte y apellidos
La protagonista, evidentemente, es la carne. Mala Flama trabaja con una selección de carnes premium de origen nacional y con trazabilidad desde el origen. Además, algunas de sus referencias han sido reconocidas en el World Steak Challenge en las ediciones de 2023 y 2024.
Aquí la idea no es disfrazar el producto con salsas, artificios o fuegos artificiales gastronómicos. La filosofía es bastante más sencilla: buen género, buen fuego y que cada uno encuentre su punto.
Porque una buena pieza de carne no necesita demasiadas explicaciones. Necesita respeto.Y una parrilla. Y quizá una copa de vino al lado, que tampoco vamos a ponernos puristas.
Más allá del chuletón
Aunque la carne sea la estrella, el aperitivo tiene bastante que decir.
La boutique gourmet permite construir la comida desde el principio con quesos artesanos, embutidos seleccionados y conservas de productores que apuestan por el producto y la elaboración cuidada.
Es fácil imaginar el ritual: queso, embutido, una copa de vino, conversación que se alarga y, mientras tanto, la parrilla esperando su momento. Porque Mala Flama entiende algo fundamental de las barbacoas: la comida empieza mucho antes de poner la carne sobre el fuego.
Empieza cuando eliges. Cuando discutes con tus amigos qué corte pedir.
Cuando alguien dice “yo con uno pequeño tengo suficiente” y cinco minutos después está mirando la cámara de carnes como si acabara de descubrir una joyería. Y empieza, sobre todo, cuando dejas de tener prisa.
El vino también quiero jugar
La bodega reúne más de 50 referencias nacionales y pone el foco en pequeñas bodegas, proyectos independientes y producciones limitadas.
No parece una selección pensada simplemente para llenar una carta de vinos, sino para acompañar el espíritu del proyecto: etiquetas con personalidad y capacidad para conversar con el fuego, la grasa, el humo y esos cortes que piden una copa al lado.
Aquí el vino no llega como un trámite.Se elige. Y ese pequeño gesto vuelve a formar parte de la experiencia.
Un espacio para quedarse
El interior acompaña bien la filosofía. Madera, bambú, arcilla, detalles metálicos y una iluminación cálida construyen un ambiente que se aleja tanto del restaurante convencional como de la típica parrilla de estética rústica.
Es contemporáneo, pero no frío. Cuidado, pero sin ponerse estupendo. Y, sobre todo, invita a quedarse.
Cada sala funciona como una pequeña burbuja urbana en la que el fuego, la comida y la conversación son los protagonistas.Madrid está lleno de sitios donde comer rápido. Mala Flama va justamente en dirección contraria.
Y aquí esta la verdadera Flama
Detrás del proyecto están Anthony, Adrián y José Miguel, tres amigos que decidieron convertir su pasión por las barbacoas en un concepto gastronómico diferente.Y quizá ahí esté la clave para entender Mala Flama.
No han inventado la barbacoa. Han hecho algo más interesante: han trasladado la experiencia de la barbacoa de casa a un entorno profesional sin quitarle lo más divertido.
Sigues escogiendo tu carne. Sigues cocinándola. Sigues discutiendo quién se encarga del fuego. Sigues diciendo “espera, que esta pieza está brutal”. Sigues abriendo otra botella.
Pero alguien limpia después. Y eso, queridos lectores, también es alta gastronomía.
Madrid, tenemos fuego
Mala Flama juega con una idea aparentemente sencilla y la lleva un paso más allá: ¿por qué una buena barbacoa tiene que ocurrir necesariamente en un jardín, una terraza o una casa con espacio exterior?
No tiene por qué. En Valdebebas puedes montarte tu propia barbacoa privada, escoger la carne directamente, buscar un queso que te haga ojitos, elegir un buen vino, ponerte el delantal y cocinar a tu ritmo. Con tu pareja. Con la familia. Con los amigos. O con ese grupo que empieza diciendo “solo tomamos algo” y acaba pidiendo otro chuletón.Y todo ello sin prisas.
Que quizá sea lo más revolucionario de todo. Porque en una ciudad que corre demasiado, Mala Flama propone algo tan sencillo como sentarse alrededor del fuego y disfrutar. Aquí no vienes únicamente a comer. Vienes a hacer tu propia barbacoa.
Y, sinceramente, qué ganas teníamos de que alguien nos dejara hacerla sin tener que comprar carbón, limpiar después y pelear con el vecino.
- Calle Fernando Higueras, 19, Madrid
- 628 43 93 62
- https://www.malaflama.com
- Ticket Medio: 40-100€
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