Baleares a bocados,Sa Brisa reivindica la cocina de las islas desde una mirada creativa, fresca y urbana
Un viaje gastronómico por Baleares sin hacer la maleta: recetas con memoria, producto isleño, vinos con carácter y una cocina que se divierte jugando entre tradición y vanguardia.
Hay restaurantes que te llevan de viaje y otros que, directamente, te hacen olvidar que no has cogido un avión. Sa Brisa pertenece a los segundos. Nació en Ibiza en 2013 con una idea tan sencilla como ambiciosa: aprender de las raíces de la cocina ibicenca, respetarlas y llevarlas al siglo XXI con un equipo internacional. Ahora, frente al Retiro, esa filosofía se convierte en una especie de pasaporte gastronómico a las Baleares. Sin facturar maleta, sin controles de seguridad y, lo mejor, con sobremesa.
Aquí la cocina tiene acento mediterráneo, pero no habla un único idioma. Hay tradición, producto local, memoria y mucho juego. Recetas de toda la vida que se ponen guapas para salir de casa; guisos de abuela que han pasado por la universidad de la creatividad; sabores de Ibiza que se encuentran, sin ningún complejo, con técnicas y referencias de medio mundo.
El resultado es una cocina creativa, divertida y con personalidad. Una cocina que no necesita disfrazarse de vanguardia porque sabe perfectamente de dónde viene.
Baleares, plato a plato
Entrar en Sa Brisa es encontrarse con un espacio acogedor y elegante, de alma mediterránea pero con cierto aire urbano. Sala, barra con mesas altas, terraza y un privado para hasta 16 personas hacen que el restaurante funcione igual de bien para una comida tranquila, una cena entre amigos o una reunión que necesite, por aquello de la productividad, un buen plato delante.
Al frente de la cocina está el chef Pere Vendrell, cercano, atento y de esos profesionales que parecen disfrutar tanto hablando de lo que sale de la cocina como cocinándolo. Y eso se nota.
La propuesta comienza con algo aparentemente humilde: pan de masa madre acompañado de aceites de Baleares. Menorca, Mallorca, Ibiza… Morvedra, Aubocassa, Can Rich. Un pequeño ejercicio de geografía líquida que recuerda que el aceite también puede contar dónde estás.
Después llega uno de los grandes argumentos del menú: “Viaje por las islas Baleares”, un recorrido en pequeños bocados que atraviesa las islas y juega con sus sabores.
Menorca aparece con el oli i aigua; Mallorca, con una reinterpretación de la ensaimada con butifarró y manzana; y Ibiza y Formentera, con un crujiente de paté de conejo y hierbas ibicencas. Tres territorios, tres bocados y una pregunta incómoda: ¿con cuál quedarse? Difícil. Y eso, gastronómicamente hablando, es una buena noticia.
El carpaccio de gamba roja aporta delicadeza, cítricos y frescura. Un plato de esos que parecen ligeros hasta que desaparecen del plato y uno se pregunta quién se ha comido la última lámina.
La crema fría de guisantes con anguila ahumada y almendra juega en otro registro: suave, untuosa y elegante, con el toque ahumado de la anguila poniendo el contrapunto. Una combinación que funciona con precisión y sin necesidad de levantar la voz.
Y entonces aparece uno de esos platos que explican bien la filosofía de Sa Brisa: calamarcito a la brasa con garbanzos y sobrasada. Mar y montaña, sí, pero sin recurrir al tópico. El dulzor del calamar, el carácter de la sobrasada y la textura de los garbanzos construyen un plato sabroso, reconocible y sorprendente.
El canelón de cordero con parmentier de patata y hierbabuena juega la carta de la contundencia. Es sabroso, profundo, reconfortante. Un plato que podría perfectamente tener a la abuela detrás, pero que aquí se presenta más contemporáneo. La hierbabuena aporta ese punto fresco que hace falta para que la fiesta no se vaya de las manos.
Y de postre, Ibiza también tiene algo que decir
La greixonera con chantilly de naranja es de esas elaboraciones que obligan a replantearse la teoría de que los postres tradicionales son necesariamente pesados. Fina, aromática y con ese punto cítrico que la hace especialmente golosa.
Pero la verdadera sorpresa llega con la tarta de queso de cabra, hierbabuena y helado casero de licor de hierbas ibicencas. Tiene algo de mojito, pero en versión bocado. Fresca, cremosa, aromática y con un punto inesperado que hace que uno vuelva a por otra cucharada con la excusa científica de “confirmar el sabor”.
Y para terminar, aparece el Licor de Café Caleta de Can Rich, servido con hielo. Porque en Baleares saben que después de comer siempre queda un pequeño hueco. Aunque jurásemos que no.
Un rincón mediterráneo en el corazón de Madrid donde la luz, la madera y la esencia ibicenca se fusionan para crear una experiencia única.
Tradición, pero con ganas de fiesta
Sa Brisa no vive únicamente de los menús degustación o de los pequeños viajes por las islas. Hay platos de esos que merecen sentarse en primera fila.
Entre los más representativos están el bogavante o langosta al estilo Formentera con patatas y huevos fritos, la caldereta de langosta o bogavante y el imprescindible bullit de peix a su manera: pescado de roca convertido en un guiso profundamente mediterráneo y acompañado de arroz a banda. Es uno de esos platos que no necesitan demasiada explicación. El pescado manda, el caldo reconforta y el arroz hace lo que debe hacer un buen arroz: absorber todo lo que puede y conseguir que nadie quiera dejar una sola cucharada.
También están las croquetas de bullit de peix, la coliflor con parmesano y el porc negre a la barbacoa. Y el pulpo a la brasa sobre perlas de tapioca y manzana verde, más ligero y fresco, demuestra que la cocina puede jugar con texturas y contrastes sin perder el Mediterráneo de vista.
La barra: donde Baleares se pone informal
La barra merece capítulo propio. Aquí la cocina se vuelve más desenfadada y perfecta para compartir.
Hay coca de trempó con escalivada y sardina ahumada, un bikini crujiente de sobrasada, queso de oveja trufado y miel, un bocatín crujiente de ternera desmechada con mayonesa de tabasco y otro de calamar con pan artesano, kimchi, lima y katsuobushi.
¿Tradición ibicenca? Sí. ¿Influencias asiáticas? También. ¿Un poco de irreverencia? Por supuesto.
Y si alguien todavía piensa que en una mesa mediterránea los quesos son un mero trámite, aquí tiene un pequeño viaje lácteo por las islas: cabra de Ibiza, oveja de Mallorca y vaca de Menorca.
La barra, además, permite prolongar la experiencia con cócteles de la casa como el Mojito Ibicenco, Tequila Ibiza u Ocaso. Porque hay comidas que terminan con café y otras que simplemente cambian de formato.
Vino para viajar sin moverse
Si la cocina propone recorrer Baleares a golpe de tenedor, la carta de vinos hace exactamente lo mismo, pero en copa.
La selección pone el foco en las islas y permite descubrir etiquetas que quizá no aparecen habitualmente en las cartas más convencionales. Entre ellas, el Motor Blanc 2025 de 4 Kilos Vinícola, elaborado con Prensal Blanco en V.T. Mallorca; el AN/2 2023 de Ànima Negra, con Manto Negro y Syrah; o Gallinas y Focas 2022, también de 4 Kilos, un Manto Negro elegante, fino y con personalidad.
Especialmente curioso resulta ese Motor Blanc de aspecto turbio que demuestra una vez más que no conviene juzgar un vino por su apariencia. En copa puede haber sorpresas, y esta tiene bastante más interés que muchas botellas perfectamente transparentes. Aquí el vino no está para decorar la mesa: acompaña, cuenta territorio y ayuda a completar el viaje.
¿Y el picnic?
Hay una idea especialmente simpática: el menú picnic.
Y tiene todo el sentido del mundo. Estás frente al Retiro, tienes un menú pensado para llevar y un parque enorme esperando al otro lado. ¿Por qué no comer Baleares bajo los árboles?
Es una de esas propuestas que parecen sencillas hasta que alguien las pone en práctica. Y entonces uno piensa: más restaurantes deberían recordar que comer también puede ser jugar.
Sabores tradicionales de Ibiza reinterpretados con alta cocina y diseñados para compartir en el corazón de Madrid.
El sabor de un viaje sin avión
Sa Brisa consigue algo que no siempre es fácil: hacer cocina de territorio sin quedarse atrapado en la tradición.
Aquí aparecen los sabores de Ibiza y del resto de Baleares, pero también técnicas, productos y referencias que cruzan fronteras. Hay memoria y hay imaginación. Hay guisos que recuerdan a casa y platos que sorprenden. Hay producto local y ganas de experimentar.
Y, sobre todo, hay una idea que atraviesa la experiencia: comer distinto no significa comer complicado.
Sa Brisa es una pequeña embajada gastronómica de las Baleares frente al Retiro. Un lugar donde Ibiza no se limita a aparecer en el nombre de un plato o en una fotografía de verano, sino que se encuentra en el aceite, en las hierbas, en la sobrasada, en el pescado de roca, en el porc negre, en los quesos y, por supuesto, en los vinos.
Una manera deliciosa de viajar sin moverse de Madrid.
Y quizá esa sea la mejor definición de Sa Brisa: Baleares en modo urbano, con memoria, descaro y mucho sabor.
- Av. Menendez Pelayo 15, (Retiro).Madrid
- 910 22 45 40
- https://www.restaurantesabrisa.net
- Ticket Medio: 30-60€
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