Tropicalista es un pequeño viaje a Brasil sin salir de Madrid, cocina con raíces, producto, creatividad y cero tópicos
Yuca, picanha, caipirinhas y mucho más: un gastrobar brasileño que se aleja de los tópicos y se atreve a enseñar la cara más urbana, sabrosa de Brasil.
Hay sitios a los que entras a comer y sitios en los que, directamente, te metes en el viaje. Tropicalista pertenece a la segunda categoría. Y no hace falta pasaporte, maleta ni aguantar diez horas de avión: basta con acercarse al centro de Madrid y dejarse caer por este gastrobar brasileño donde Brasil llega a la mesa sin disfrazarse de postal tropical.
Aquí no hay que buscar el cliché del carnaval, las palmeras y el “todo muy brasileño” llevado al exceso. Tropicalista juega otra liga. Diseño industrial, aire urbano, estética cosmopolita y una cocina que recorre Brasil de punta a punta, con una propuesta pensada para compartir, picotear y, sobre todo, descubrir.
Y el nombre no está elegido al azar. Tropicalista hace referencia al Tropicalismo o Tropicália, aquel movimiento cultural que a finales de los años sesenta revolucionó la música y la cultura brasileñas. Una mezcla sin miedo: ritmos brasileños, rock, psicodelia, arte y moda. Romper las reglas era precisamente parte del juego. Y algo de aquel espíritu rebelde se ha quedado aquí.
Brasil en modo bocado
La carta es un pequeño recorrido gastronómico por un país enorme y culturalmente diverso. Porque hablar de “cocina brasileña” como si fuera una sola cosa sería quedarse bastante corto. En Tropicalista han querido reunir diferentes influencias y regiones en una propuesta que además se adapta muy bien al espíritu madrileño: platos para compartir, probar varias cosas y discutir en la mesa cuál está más rica.
Uno de los grandes protagonistas es la yuca, que aparece en la carta en diferentes formatos. Las tapiocas, por ejemplo, son tortillas elaboradas con harina de yuca, una opción gluten free que aquí llega con rellenos capaces de hacerte cambiar de opinión sobre lo que creías que era una simple tortilla. La de carne mechada cocinada lentamente y queso curado es una auténtica declaración de intenciones: sabrosa, jugosa y de esas que desaparecen del plato sospechosamente rápido. Aunque, ojo, hay más candidatas: setas trufadas, coco o una versión vegana. Así que ya tenemos la primera excusa oficial para volver.
También hay que meter la cuchara en los escondidinhos, cazuelitas de crema de yuca gratinada que pueden venir con carne mechada, pollo o vegetales de temporada. Comfort food brasileña en toda regla. De esa que no necesita demasiadas explicaciones porque el primer bocado se encarga del resto. Y entonces aparece el bobó de camarão, una de esas preparaciones que explican por qué merece la pena salir de la zona de confort gastronómica. Puré de yuca, bisque de langostinos, leche de coco, pimientos y cilantro. Cremoso, aromático y con ese punto tropical que te lleva directamente a Brasil sin necesidad de subirte a un avión.
Croquetas, pero con acento brasileño
Si eres de los que piensa que cualquier cosa mejora cuando se puede comer con las manos, estás de enhorabuena. Los dadinhos de tapioca son cubitos crujientes de tapioca y queso curado acompañados de miel y especias. Crujientes por fuera, tiernos por dentro y peligrosamente adictivos.
Y luego están los bolinhos de feijoada, una versión en formato croqueta de uno de los grandes iconos de la cocina brasileña. Frijoles negros, carnes de cerdo seleccionadas, col y bacon, acompañados de farofa, salsa vinagreta y un pequeño chupito de cachaça, lima y miel. Porque sí: aquí hasta el chupito tiene argumento.
La carta sigue jugando con influencias. El kibe, de inspiración árabe, combina ternera, trigo bulgur y hierbabuena con salsa de yogur. Los risolis, unas empanadillas de masa de trigo rellenas de queso, llegan con una salsa de tomate, guindilla y miel que pone el contrapunto. Y están también las patatas trufadas con alioli, para aquellos que han venido a explorar la gastronomía brasileña pero tampoco están dispuestos a renunciar a unas buenas patatas.
Y sinceramente, ¿quién podría juzgarles?
Picanha, porque esto también va de carne
Para entender mejor la cocina brasileña hay que pasar por la picanha, ese corte noble de ternera que aquí se prepara a la plancha con mantequilla de hierbas y cebolla pochada, acompañado de patatas fritas rústicas, farofa y salsa vinagreta.
Y sí, también hay hamburguesas. Porque siempre aparece alguien en la mesa que, después de recorrer medio Brasil gastronómicamente, anuncia: “Yo quiero una hamburguesa”. Para ellos, tranquilidad. Está la Ballesta, elaborada con carnes seleccionadas de ternera, y la X-Tudo, una versión contundente con ternera y huevo frito. Porque Brasil también sabe ponerse serio cuando toca.
Una de las mejores señales de que aquí la cosa va en serio está, además, en la propia sala: es habitual encontrar brasileños comiendo. Y eso, en un restaurante de cocina brasileña, es una carta de presentación bastante más convincente que cualquier eslogan.
Y de postre… aquí nadie viene a portarse bien. Llegamos al apartado dulce y la cosa tampoco se relaja. Entre las propuestas está el brigadeiro con beijinho, un clásico brasileño que aquí se convierte en un postre de diferentes capas cremosas de chocolate negro, coco y crema de avellanas.
Y entonces llega la hora de la caipirinha
Porque hablar de Brasil y no hablar de cachaça sería como hablar de Madrid y olvidarse de las cañas.
La propuesta de coctelería de Tropicalista lleva la firma del reconocido consultor José Guio, responsable de una carta de cócteles de autor creada especialmente para el local. Aquí la cachaça tiene protagonismo y la clásica caipirinha se multiplica en cuatro versiones: clásica, de jengibre y lima, de fruta de la pasión con pimienta rosa y de fresa.
Difícil elegir. Entre los cócteles de la casa destaca también Bethania, ganador de Coctelsaña 2019, elaborado con esencia de jengibre, shrub de piña, sirope de mango y un top de guaraná. Una combinación tropical, fresca y con personalidad propia. Y es precisamente ahí donde Tropicalista tiene su gracia: no intenta copiar una idea de Brasil, sino interpretarla.
Brasil sin clichés y con mucho sabor
Tropicalista es de esos restaurantes que funcionan especialmente bien cuando vas con ganas de probar cosas nuevas y dejar que otro elija por ti durante un rato. Hay platos reconocibles, otros que sorprenden y unos cuantos que directamente te hacen pensar: “¿Por qué demonios no había probado esto antes?”. La cocina brasileña aquí se presenta sin complejos, mezclando tradición, influencias culturales, producto y una buena dosis de creatividad.
En definitiva, Tropicalista es un pequeño viaje a Brasil servido en forma de tapas, cazuelitas, carnes, yuca, cócteles y mucha personalidad. Un lugar para comer, brindar, descubrir y, probablemente, salir pensando ya en qué pedir la próxima vez.
- Calle de la Ballesta 2, Madrid
- 915 23 31 85
- https://www.tropicalista.es
- Ticket Medio: 20€
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