Que empiece el festín: México, mezcal y mucho arte en Ticuí
Tradición, creatividad y bocados con carácter en un restaurante donde México se vive, se saborea y se disfruta sin prisas.
Ticuí es uno de los restaurantes que te invitan viajar sin salir de Madrid. Hermano pequeño de Puntarena, pero con personalidad propia, propone una cocina mexicana contemporánea que reivindica sus raíces sin renunciar a la creatividad. Aquí no hay necesidad de recurrir a los tópicos: México se expresa a través del producto, las técnicas ancestrales y unos sabores que dejan huella.
Un espacio que se siente antes del primer bocado
La experiencia comienza nada más cruzar la puerta. El proyecto, desarrollado por el estudio mexicano JSa junto con la arquitecta Aisha Ballesteros y Arturo Ortega como socio, interpreta México desde la elegancia de los materiales naturales y la artesanía.
Suelos de barro, textiles de ixtle y totomoxtle, vasos de barro oaxaqueños, cerámica y un espectacular tapiz mural elaborado en Oaxaca con algodón y piel de maíz construyen una atmósfera cálida y envolvente. El salón conecta con un agradable patio interior, mientras que la cocina abierta invita a descubrir el trabajo del equipo.
Pero mi debilidad es la impresionante barra de piedra volcánica negra, procedente de la firma valenciana Nerinea. Una pieza con carácter que convierte el espacio en algo más que un bonito escenario: aquí el diseño acompaña a la gastronomía sin robarle protagonismo.
El comal, donde empieza todo
En Ticuí, la tradición no es un recurso decorativo. Las tortillas de maíz se elaboran a mano cada mañana sobre el comal, uno de los grandes símbolos de la cocina mexicana. Un gesto artesanal que conecta con siglos de historia y recuerda que, detrás de una buena tortilla, hay técnica, paciencia y cultura.
Al frente de los fogones está Federico Rigoletti, con cerca de 25 años explorando la evolución de la cocina mexicana y una trayectoria ligada a Puntarena. Su propuesta combina referencias costeras, producto de calidad y técnicas contemporáneas, con una idea muy clara: evolucionar sin perder la esencia.
Bocados que invitan a repetir
La carta es una invitación a compartir y dejarse sorprender. Nosotros optamos por seguir las recomendaciones del equipo, y fue todo un acierto.
La dorada curada en mezcal, con yuzu, cilantro y caviar de trucha destaca por su frescura y sus matices cítricos. Las navajas con Verdejo, mantequilla y chile pasilla merecen una mención especial: su salsa es sencillamente deliciosa, de esas que uno quisiera prolongar un poquito más.
El sashimi de kampachi con matcha y un toque frutal aporta elegancia y frescura, mientras que el taco de camarón con queso fundido, chorizo, guacamole y salsa Rosarito es uno de esos bocados que hay que probar sí o sí. Goloso, sabroso y con personalidad. ¡Aviso: puede despertar ganas de pedir otro!
Entre los platos calientes, la costilla estilo barbacoa de Nuevo León, cocinada durante 16 horas, es una de las grandes protagonistas. Tierna, intensa y llena de sabor, reivindica el placer de las cocciones lentas y demuestra que la tradición, cuando se trabaja bien, no necesita artificios.
La carta guarda además otras tentaciones, como las tostas de atún o carabinero, el pescado al estilo yakiniku a la brasa y el solomillo de wagyu. Motivos más que suficientes para organizar una segunda visita.
Tequila, mezcal y un final con sabor a limón
La selección de tequilas y mezcales merece detenerse un momento. Mi consejo es dejarse guiar por el equipo y descubrir qué destilado acompaña mejor cada elección. Porque en Ticuí la experiencia también se disfruta en la copa con un buen coctel.
Y para terminar, la recomendación de la casa: la carlota de limón, un postre frío de inspiración francesa integrado en la tradición mexicana. Cremosa, refrescante y con ese punto cítrico que pone el broche perfecto a una comida llena de matices.
Un México con identidad propia
La presencia de Ticuí en la selección de la Guía MICHELIN 2025 y su recomendación en la Guía Repsol 2024 respaldan una propuesta que va más allá del plato. Aquí arquitectura, artesanía y gastronomía construyen una experiencia coherente, cuidada y con personalidad.
No es el lugar al que acudir buscando únicamente la cocina mexicana más conocida. Su mirada, muy ligada a los sabores del mar, apuesta por combinaciones originales, salsas con carácter y elaboraciones donde el producto sigue siendo el protagonista.
Me fui con ganas de volver, que al final es una de las mejores señales que puede dejar un restaurante. Me quedan platos por descubrir, otras salsas por probar y muchas excusas para regresar.
Mi recomendación es clara: comparte, déjate aconsejar, no te saltes el taco de camarón ni la costilla de cocción lenta y reserva un hueco para la carlota. Ticuí demuestra que México puede ser tradición y vanguardia, artesanía y sofisticación, raíz y evolución.
Y cuando todo eso llega a la mesa con sabor y sin perder la personalidad, solo queda una cosa por hacer: brindar con un buen mezcal y empezar a pensar en la próxima visita.
- Calle Cedaceros, 6. Madrid
- 619 174 871
- https://www.ticui.es
- Ticket Medio: 40-80€
Artículos Relacionados

Gustavo Sandoval reinventa el concepto de buffet con la cocina nikkei de Senka

Relais de Paris, es un pequeño aire de París en el corazón de Madrid

El Café de la Ópera invita a Madrid a descubrir su primera ópera con una jornada especial por el World Opera Day
Artículos Relacionados

Relais de Paris, es un pequeño aire de París en el corazón de Madrid

Destino Raíz, el rincón de Móstoles donde el cachopo XXL es el rey

Mala Flama, encuentra la barbacoa que te falta en casa a 5 minutos del centro de Madrid
