Los Gabrieles recupera el alma de la taberna castiza con una propuesta donde el tapeo vuelve a ser el gran protagonista
La taberna más castiza del Barrio de las Letras resucita con una carta pensada para compartir, una bodega espectacular y ese ambiente donde un vermú puede acabar en sobremesa, copas… y música en directo.
Madrid lleva años obsesionado con las aperturas de diseño, las cartas interminables de cocina fusión y los restaurantes que duran lo mismo que una tendencia en Instagram. Por eso resulta tan refrescante encontrarse con un lugar que hace exactamente lo contrario: recuperar su esencia y recordar que, cuando el producto es bueno y la cocina tiene oficio, no hace falta inventar demasiado.
Sí, Los Gabrieles tiene más de un siglo de historia. Sí, por aquí pasaron artistas, escritores, toreros y media aristocracia madrileña. Sí, sus impresionantes azulejos son casi una obra de arte. Pero todo eso ya forma parte de la leyenda. Lo verdaderamente interesante de esta nueva etapa está en su taberna, en esa barra que invita a pedir «una cañita o vinito más» y en una carta que convierte el picoteo en un auténtico festival.
Aquí se viene a compartir. A mancharse un poco las manos. A discutir cuál ha sido el mejor bocado de la comida mientras ya se está pidiendo el siguiente.
La cosa empieza fuerte con una Gilda que se sale del guion. Atún rojo, piparra, tomate seco y aceituna forman un bocado lleno de personalidad que abre el apetito como mandan los cánones. Después llegan unas magníficas gambas blancas de Huelva a la plancha, puro producto sin necesidad de maquillaje, y unas anchoas 00 de Santoña sobre pan crujiente con mantequilla ahumada que desaparecen de la mesa con una velocidad preocupante.
Un escenario único donde los azulejos centenarios, el arte y la tradición madrileña convierten cada rincón en parte de la historia. (Foto: Los Gabrieles ©)
Pero donde Los Gabrieles demuestra que no ha venido a vivir de la nostalgia es en esos pequeños giros que respetan la tradición sin disfrazarla. Ahí aparece el sorprendente Minutejo, un diminuto bocadillo de pan de cristal relleno de oreja guisada y crujiente con salsa brava. Una auténtica gamberrada gastronómica. Crujiente, meloso, potente… de esos bocados que hacen levantar una ceja al primer mordisco.
Y si estamos hablando de una taberna madrileña, el bocatín de calamares era casi obligatorio. Aquí cumple con nota, igual que el pepito de buey madurado, uno de esos bocados que justifican perfectamente acercarse hasta el Barrio de las Letras.
Hay clásicos que nunca deberían desaparecer y Los Gabrieles lo sabe. La ensaladilla rusa está donde tiene que estar. La tortilla de patata sale recién hecha. Las bravas tienen personalidad propia y las croquetas de jamón ibérico 100 % de bellota merecen capítulo aparte. Cremosas, intensas, con una fritura impecable y ese equilibrio tan difícil entre bechamel y jamón que convierte una buena croqueta en algo memorable. De las que obligan a pedir otra ración cuando jurabas que ya no podías más.
Entre los platos principales, el pulpo de roca a la brasa sobre un trinchat de berza inspirado en el cocido madrileño resume bastante bien la filosofía de la casa: tradición, producto y un pequeño guiño creativo que suma sin eclipsar lo importante.
Y cuando llega el momento del postre, conviene no precipitarse con el café. El flan de queso elaborado con queso de cabra madrileño y huevos cocinados a baja temperatura tiene esa textura entre flan y tarta de queso que engancha desde la primera cucharada. Si además se acompaña con una copa de un viejo Pedro Ximénez, la sobremesa se convierte en uno de esos momentos que nadie tiene prisa por terminar.
El tapeo castizo de siempre, reinterpretado con producto, tradición y carácter.
Pero si hay algo que convierte a esta taberna en un lugar especial es todo lo que sucede alrededor del plato.
La barra vuelve a ser protagonista. La bodega, diseñada por la sumiller Rebeca Bellido, reúne más de 300 referencias donde los vinos de Jerez recuperan el lugar que siempre merecieron, junto a una magnífica selección nacional e internacional. Aquí igual apetece un vermú al mediodía, un fino con el aperitivo o descubrir algún vino inesperado mientras la conversación se alarga sin mirar el reloj.
Y entonces aparece la música…Flamenco, jazz y actuaciones en directo devuelven al local ese ambiente de taberna viva donde siempre parece que está pasando algo, pero sin estridencias. Todo fluye con naturalidad. Como ocurría antes. Como debería seguir ocurriendo en los grandes clásicos.
Porque Los Gabrieles no pretende competir por ser el restaurante más moderno de Madrid. Ni falta que le hace. Su apuesta pasa por recuperar algo mucho más difícil: el placer de comer bien, beber mejor y quedarse porque sí.
En una ciudad donde cada semana abre un restaurante nuevo, resulta casi revolucionario encontrar un sitio donde lo único importante sea pedir otra ronda, compartir unas cuantas raciones y dejar que la sobremesa decida cuándo termina el día.
Y esa, probablemente, sea la mejor noticia gastronómica que Madrid ha recibido en mucho tiempo.
- Calle Echegaray 17, Madrid
- 614 70 36 81
- https://www.losgabrieles.es.
- Ticket Medio: 35€
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