Revista Gastronómica Digital

Gruppomimo; el nuevo italiano de Madrid, que no viene precisamente a pasar desapercibido

La cadena francesa especializada en cocina italiana contemporánea aterriza en la capital con una propuesta pensada para compartir, disfrutar y volver.

Hay restaurantes italianos. Y luego están los que llegan haciendo ruido, ocupando 500 m² y plantándose en pleno Barrio de Salamanca como quien dice: “Ciao, Madrid, hemos venido a jugar”. Ese es Gruppomimo.

La marca, nacida en Francia y especializada en cocina italiana contemporánea, abrió hace unos meses su primer restaurante en España, concretamente en la Plaza Manuel Becerra. Y ojo, porque aquí no han venido a montar una trattoria de cuatro mesas, mantel de cuadros y una foto de la Torre de Pisa en la pared. Esto es otra película.

El local es enorme, tiene capacidad para más de 200 comensales y combina una sala interior amplia y confortable con una terraza de inspiración parisina. Nada más entrar tienes esa sensación que se agradece: aquí se viene a comer, sí, pero también a estar a gusto. El espacio tiene rollo, el personal está pendiente y la experiencia resulta bastante más redonda de lo que uno podría esperar de una primera visita.

Y detrás de todo esto hay una marca que ya sabe lo que hace. Gruppomimo ocupa el puesto número 32 en el ranking internacional de las 50 mejores pizzerías del mundo y cuenta actualmente con 15 restaurantes. Madrid, junto a Bruselas, forma parte de su apuesta para seguir creciendo por Europa.

Aquí se viene a mojar pan.

La carta tiene una clara raíz italiana, pero no pretende quedarse atrapada en la tradición. Hay antipasti, pasta, pizza napolitana y postres caseros, sí, pero con ese punto de espectáculo y personalidad que hace que quieras pedir media carta.

Para empezar, el Trío Inferno ya avisa de que aquí no se ha venido a comer tímidamente: seis naranjas con diferentes propuestas de salsa, entre ellas tartufo, boloñesa, cacio e pepe, tomate y salsa Mimo. Un comienzo divertido y bastante goloso. Después llega uno de esos platos que hacen que la mesa se calle durante unos segundos: Queen B Tomate, una burrata tremendamente cremosa acompañada de tomates frescos, albahaca, ajo, orégano, sal y pimienta. Producto sencillo, bien tratado y con ese efecto de “¿por qué algo tan fácil puede estar tan bueno?”.

Una decoración italiana contemporánea, cálida y sofisticada, con un ambiente desenfadado y pensado para compartir.

También hay que probar Mimanzana, su versión de la clásica parmesana: berenjena fondante, salsa de tomate casera, mozzarella y parmesano gratinado. Comfort food italiana en toda regla.

Y para quienes quieren salir un poco del camino habitual, Ficción de Pulpo: pulpo a la parrilla, salsa de ostras, patatas fritas, granada, tomates cherry, panko a la parrilla con cítricos, ralladura de limón, sésamo blanco y aceite de oliva. Un plato con bastante más personalidad de la que aparenta sobre el papel.

Pasta, trufa y pistacho: aquí hay peligro.

Llegamos a la pasta y aparece Alla Valentina, uno de esos platos que hacen que la cámara del móvil salga disparada antes de que llegue el primer bocado. Spaghetti alla chitarra al tartufo, preparados en una rueda de Pecorino DOP y rematados con trufa fresca.

Para los amantes de la trufa es directamente una pequeña locura: intensa, aromática y de esas que se quedan dando vueltas en la cabeza.

Y, por supuesto, había que entrar en el fenómeno pistacho. Fusilli con pesto de pistachos, stracciatella y crujientes de pistacho. Cremoso, goloso y con ese punto de vicio que convierte un plato aparentemente sencillo en uno de los que más curiosidad despiertan. La carta sigue con propuestas como La Danza del Salmón o Gogo Carbo, unas mezze maniche alla carbonara con guanciale a la parrilla y Pecorino DOP rallado. Aquí, desde luego, quedarse con un solo plato es misión imposible.

Y llega la pizza. Con fuego incluido.

La pizza es uno de los pilares de Gruppomimo y aquí la cosa va muy en serio. Las masas se elaboran artesanalmente por el propio equipo y el restaurante cuenta con un horno fabricado a medida para garantizar el resultado.

Al frente de la propuesta pizzera está Giuseppe Grasso, maestro pizzero napolitano con casi dos décadas de experiencia y recorrido por algunas de las pizzerías más reconocidas de Italia, Reino Unido, Estados Unidos y España.

Cocina italiana contemporánea que reinterpreta recetas tradicionales con producto de calidad, sabor y un enfoque desenfadado para compartir.

Entre las más llamativas está la Diabola Ardiente, que llega a la mesa con fuego. Salsa de tomate, mozzarella fior di latte, cebolla roja, spianata, aceitunas y ‘nduja. Picante, intensa y bastante fotogénica. Porque sí, admitámoslo: cuando una pizza llega ardiendo a la mesa, todos sacamos el móvil. También está la Atún y Cipollando, además de otras propuestas que dejan una conclusión bastante clara: aquí toca volver. Porque una visita no alcanza.

Y todavía queda el postre.

Si hay algo que suma puntos es que los postres también son caseros. Todo hecho por el equipo, algo que siempre se agradece y que se nota. Entre las sugerencias aparecen el Tiramisú Clásico y el Tiramisú de Pietro, con pistacho. Dos finales golosos para una comida que, a estas alturas, ya ha dejado claro que Gruppomimo no quiere ser simplemente “otro italiano más”.

La cocina está dirigida por Luis Marval, chef ejecutivo con experiencia internacional y una visión cosmopolita que encaja bien con el espíritu del proyecto.

Italia con acento madrileño.

La gracia de Gruppomimo está precisamente ahí: parte de Italia, respeta sus códigos, pero no parece obsesionado con reproducirlos como si estuviéramos en una postal de Nápoles. Hay tradición, pero también espectáculo. Hay producto, pero también diversión. Hay técnica, pero sin ponerse solemne.

Y eso, en Madrid, funciona.

La compañía fue fundada en Boulogne-Billancourt en 2021 y desde entonces ha ido construyendo una propuesta en la que gastronomía, ambiente y entretenimiento forman parte del mismo concepto. Ahora pone el foco en España y Bélgica como mercados estratégicos para su expansión europea.

El veredicto: habrá segunda visita.

¿Qué tiene personalidad? Sin duda. ¿Qué la carta invita a regresar? También.

Me quedo especialmente con esa Alla Valentina de trufa, con Ficción de Pulpo, la Diabola Ardiente y la sensación de que todavía me quedan demasiadas cosas por probar. Y ese, probablemente, es el mejor piropo que se le puede hacer a un restaurante: salir pensando ya en cuándo volver.

Porque Gruppomimo no ha aterrizado en Madrid para pedir permiso. Ha llegado, ha encendido el horno y, literalmente, ha puesto la pizza al fuego.

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